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La agricultura urbana, un doble negocio

La agricultura urbana, un doble negocio

En el portal del Jardín Botánico de Medellín, se describe a la agricultura urbana como una práctica que se ha originado a partir de la migración de campesinos hacia la ciudad por diferentes motivos, quienes llevan a las grandes urbes sus conocimientos de las actividades agrícolas. En la actualidad, esta práctica se encuentra ampliamente difundida entre la población, debido a la necesidad de producir alimentos sanos, mejorar la seguridad alimentaria y para el autoconsumo. Este sigue siendo el foco de dicho sistema de producción.

Al cultivar parte de sus alimentos, las familias tienen posibilidad de ahorrar dinero en su canasta básica y consumir productos frescos y saludables, ya que son cultivados utilizando abono orgánico. En 2019, La Secretaría de Inclusión Social de Medellín promedió que un hogar con una huerta urbana puede ahorrarse mensualmente $ 70.000.

El negocio puede ser doble, porque una familia puede ahorrar $ 840.000 anuales al producir sus propios vegetales y adicionalmente puede vender los excedentes a fruver, supermercados o restaurantes.
Aquí hay que tener en cuenta, para efectos de demanda, que en las grandes ciudades y municipios viven 38 millones de colombianos (50 millones en total) que necesitan productos para su alimentación, y en el año 2023, según el Dane, se espera que la cifra en las cabeceras municipales suba alrededor de los 40 millones de habitantes.

Este modelo de negocio puede hacerse de manera asociativa y así cohesionar a la comunidad. Esta iniciativa ha venido ganando terreno y ya existen políticas públicas para apoyarla, como el programa “Huertas con Vos” de la anterior administración del Municipio de Medellín.  Otra forma de realizarlo, y proyectando las tendencias de consumo después del Covid-19, es promoviendo la huerta orgánica a pequeña escala estimulando a los ciudadanos a ser consumidores responsables.

Una persona emprendedora puede iniciar su propio negocio montando su huerta orgánica urbana en un pequeño espacio (patio, azotea, jardín). El capital inicial puede ser adquirido a través de los productos tradicionales de financiación, como el microcrédito, capital semilla, o a través de las fintech de crowdfunding. A medida que la demanda de alimentos frescos y orgánicos supere su capacidad de producción, incentivada por estrategias de marketing, entre ellas, el empaque para que se perciba como un producto de poca manipulación (por aquello del contagio), hay que evaluar si convierte su huerta en un pequeño sistema de producción hidropónico, que puede producir dos y tres veces más, o, comienza a alquilar terrazas, jardines y los patios de sus vecinos para cumplir con los pedidos. Este tipo de negocio tiene la ventaja de ser una cadena corta, disminuyendo costos y tiempos de entrega.

En cuanto a los canales de comercialización, y para no competir con precios mayoristas, hay que enfocarse en nichos donde se valoren los productos frescos y saludables. Una opción podrían ser las plataformas digitales de comercialización, y para el siguiente año podría explorarse el canal Horeca (hoteles, restaurantes y cafeterías).

Hay una alta probabilidad que comiencen a aparecer personas interesadas en aprender el método, con lo cual se podrá empezar a dar talleres que introduzcan las técnicas orgánicas intensivas con un enfoque comercial para que ellas inicien su negocio. Sin embargo, es un negocio que más que competir se puede incentivar la coopetencia y convertir el modelo de negocio en una gran red de huertos urbanos donde los vecinos colaboran para cultivar vegetales y hortalizas sin utilizar productos químicos para luego venderlos localmente. Las personas de la comunidad que se comprometen con el proyecto ceden parte de los jardines, terrazas o patios, y, a cambio, reciben una canasta semanal de los alimentos cultivados en la red. Adicionalmente, participan de las ganancias generadas por las ventas realizadas a restaurantes y supermercados.

Además de lo beneficioso que son las huertas urbanas para el medio ambiente y la soberanía alimentaria, estas, por la migración de personas del campo a la ciudad, se convierten en una alternativa para fortalecer la cadena agroalimentaria de las ciudades con un enfoque social y comercial, sin que exista dicotomía entre los dos enfoques.

Microempresas, empresarios de verdad. La agricultura urbana, un doble negocio

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